Balandrau, infern glaçat

Aquella mañana del 30 de diciembre del 2000, Josep Maria Vilà, un bioquímico de 27 años, empieza el ascenso hacia la cima del Balandrau acompañado de su pareja y tres amigos más. «Hacía sol, una temperatura muy agradable. Estábamos muy contentos de estar allí, y de la jornada por delante. Ni siquiera mencionamos llegar a la cima, era más bien una toma de contacto». Al mediodía el tiempo cambia bruscamente, y aparece de repente el torb, un tipo especial de ventisca, un fenómeno meteorológico brutal. Un monstruo de frío, nieve y viento que en pocos minutos convierte la montaña en una trampa mortal. La sensación térmica llega a ser de -40º. La furia de la nieve no deja ver ni escuchar nada.

Balandrau, infern glaçat
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El documental se basa en el libro 3 nits de torb i 1 Cap d’Any del meteorólogo Jordi Cruz, publicado per Símbol Editors. «En lo alto del Balandrau, a solo dos horas de coche de Barcelona, cada año se dan algunos días más fríos que en un día bueno del Everest».

Balandrau, infern glaçat quiere homenajear y recordar —con la perspectiva de los veinte años que han pasado desde aquella tragedia— la historia de los que murieron, y el emocionante testimonio de quien logró sobrevivir.

«Teníamos claro que esta historia requería fidelidad, veracidad, contención y respeto máximos. Ha sido un rodaje hecho con tiempo, paciencia y sobresaltos. En Balandrau abordamos la culpa del que sobrevive, que se pregunta por qué él sí y los otros no. Las víctimas no fueron imprudentes; las circunstancias crearon la tormenta perfecta. El documental es una reflexión de la fragilidad humana frente a la fuerza de la naturaleza».

 

Guille Cascante, director del documental

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